sábado, 20 de septiembre de 2025

Desdibujarte

viste que la ducha ya no funcionaba y lo que hiciste fue comenzar a bañarte en el otro baño eso fue lo mismo que hiciste con nosotros

miércoles, 3 de septiembre de 2025

Borrarte de aquí

Te fuiste de mi vida y no me di cuenta desde cuándo. No me permitiste saber qué estaba pasando, qué necesitabas, qué te dolía, qué era lo que sentías. ¿Estabas celoso? ¿Me querías solo para ti? ¿Por qué no me lo dijiste? ¿Por qué me mentiste? ¿Por qué no te das cuenta cómo haces daño? ¿No te das cuenta cómo me dañas? ¿No puedes ver más allá de ti? Me duele tanto haberte dado mi vida, mis mejores días, mi mejor energía. Me duele haberte dado todo mi amor, todo mi corazón, mi comprensión y mi tiempo. Mi cuerpo puesto a tu servicio, para cumplir tus sueños. ¿Por qué amarte me cegó tanto? ¿Por qué te elegí todas las veces en que podría no haberte elegido? ¿Por qué tenía miedo de perder a quien en realidad no estaba? Es tan doloroso que el único consuelo que me quede es escribir mientras lloro. Escribir cuando ya no puedo más, porque el peso del día llega junto con la soledad de abrir la puerta y que ya no esté mi hija ni tú durmiendo en lo que ahora es mi cama. Un despojo de ti. Porque a diferencia de ti, no llego del trabajo-estudio al calor del hogar. Siento el viento frío, siento el engaño y la soledad. Me duele no reconocerme en estas paredes que ya no habitas. Y sentir cada vez menos tu presencia, el rastro de ti. Me quedan los recuerdos que sólo desearía poder borrar. Arrancarlos de mi memoria porque realmente no sé si fueron verdad. Me duele tanto haberte amado. Haber perdido tanto estando a tu lado. Hay días que siento pena. Que no sé si lo que siento es extrañarte. No creo. Pero ni eso puedo hacer tranquila, porque inmediatamente con algo que mi hija dice me recuerda que no eres el hombre que amé. No eres el padre con quien soñé compartir la belleza de criar. Porque cada vez que inválidas sus emociones, me veo a mí. Pidiendo tiempo y conexión. Tiempo y conexión que nunca llegó. El único consuelo que me queda es escribir. Añorando que, algún día, tal vez en 10 años o en 15, puedas mirar el tiempo atrás y sentir que la cagaste y que me merezco una disculpa. Porque el daño es muy muy grande. Dañaste mi autoestima, mi criterio de realidad, mis mejores años, mi primera experiencia de crianza, mi desarrollo como mujer y profesional. Quisiera alguna vez poder llegar a perdonarte. No por ti. Por mí y por mi hija.